jueves, 15 de septiembre de 2011

Navidad


Navidad: palabra mágica de mil facetas, de múltiples aristas, de encontradas realidades. Navidad, alegrías, realizaciones, encuentros felices, tantas cosas bellas. Navidad, carencias, soledad, abandono, desesperanza…

Navidad del niño bien, envía su carta plena de inocencia al niño Jesús, San Nicolás o Papá Noel, según el status social; la cual le será respondida en su totalidad: la muñeca, el carrito, o el último juguete que anuncian las jugueterías sofisticadas.

Navidad del joven adolescente que inquieto y rebelde, no pide, ¡demanda! Disfruta del amor, la juventud, la protección familiar; todo le será concedido… aún cuando no lo valora.

Navidad del adulto triunfador, que alcanzó sus logros, una carrera, un hogar, un status social, en fin: la alegría de vivir. Puede dar y recibir espléndidamente.

Navidad del anciano que aún con limitaciones, disfruta de algunos renglones: recibe cariño y calor de los suyos, a quiénes dio todo.

Navidad del niño abandonado: vive una triste realidad que no logra comprender; es “el niño pobre” ante el juguete caro, o “ el granuja soplando en los cristales de los escaparates de las confiterías” como dijo el poeta; no tiene hogar.

Navidad del adolescente desamparado, sus interrogantes no obtienen respuesta, no logra apoyo a sus demandas, sus sueños se desmoronan; elige un camino equivocado, que no le llena sus carencias y en el peor de los casos, lo lleva a su destrucción: las drogas o el bandalaje.

Navidad del adulto fracasado: no llegó a la cumbre, se quedó en el camino de sus incongruencias y hoy se encuentra en un desierto sin oasis.

Navidad del anciano que ya nada espera de la vida, perdió su brújula, no le respondieron a cuanto dio, o no dio lo que debía. Hoy nada espera, sus fuerzas se menguan y el desencanto y la soledad son sus acompañantes.

Queda mucho por analizar, pero no quiero hacerme fastidiosa, en este mundo moderno y atropellado, ¡que no sabe de reflexiones, sino de logros!

Por Josefina.

El cine como escuela de vida

Un pasatiempo tomado por frívolo ha sido la ayuda que me sacó de la debacle que fue mi cambio de vida moderna y activa a esta vida enclaustrada y apartada de todo… qué hacer… desde que era niña siempre fui al cine.

Desde los tiempos de las películas silentes hasta hoy, que veo las películas a través de mi computadora, han pasado 70 años y hoy, a los 82 años de edad, y siempre ha sido la escuela que me dice:

“Yo reflejo los dolores y angustias de todos los seres humanos. Son iguales, sólo cambia el momento histórico que te toca vivir, porque lo único que no cambia, el dolor, el amor, la envidia y la soledad, son los mismos sentimientos para todos. No importa como digo, tu momento.”

Mónica 21/1/2011

jueves, 30 de junio de 2011

La ciudad de hoy

Ciudad: palabra compleja y múltiple. La ciudad de hoy no es el pueblo grande donde generalmente las familias se conocían, se visitaban y compartían tanto las celebraciones familiares, como las angustias y los duelos. Constituían una clase social donde las normas se respetaban; vivían en casas de patios soleados, jardines y huertos; amplias habitaciones y grandes ventanales; reinaba la cordialidad y el compañerismo.
El progreso y la modernidad acabaron con las casas geométricamente alineadas y produjeron un cambio arquitectónico y costumbrista.
Junto al pequeño comercio o a la casa familiar, surgieron las grandes edificaciones de los llamados edificios de apartamentos que aglutinaron a distintas familias que deben convivir a pesar de sus diferentes costumbres, educación o posibilidades económicas, y compartir las áreas comunes, los pasillos, el ascensor, el salón de fiestas o el estacionamiento.
Nuestras calles no nos ofrecen ninguna seguridad, deslizándose por ellas marcha un hormiguero humano agitado por la prisa de llegar a su destino. El trabajo, el comercio, el colegio o el servicio médico; sin que podamos requerir ni siquiera a la orientación para una dirección.
Una cadena de automóviles nos impide cruzar la calle serenamente, debemos esperar a que un buen ciudadano nos permita hacerlo.
Las plazas o parques que antes eran sitios de recreación para niños, o de reunión para reminiscencias de adultos mayores, están ocupadas por personas peligrosas.
Pero también tenemos el lado positivo: disfrutamos de las bibliotecas, restaurantes, salas de cine, de teatro, conferencistas, clínicas, universidades, actos culturales que satisfacen nuestros anhelos del espíritu, nuestros ojos pueden recrearse en los centros comerciales que ofrecen múltiples opciones, tanto para jóvenes, niños o ancianos. Sus exhibiciones son tentadoras, nos invitan a detenernos.
No entran aquí las urbanizaciones que son pequeños predios donde la gente disfruta de club de recreación, piscinas, etc. En un medio apacible y retirado del gran bullicio.
Aún quedan los barrios y el cinturón de miseria que se instala en los cerros, donde se carece de servicios: agua, luz, caminerías por donde pueda accederse a las precarias viviendas.
Hasta aquí para no hacerme fastidiosa.

Escrito por Josefina Guevara

Caracas, 21/4/2011

BIBLIOTECA MANSIÓN SAGRADO CORAZÓN, LUGAR DE ENCUENTRO Y REFLEXIÓN

Las participantes en el Taller de Lectura que dicta en la Mansión Sagrado Corazón, La Castellana, el profesor Iván Corona, están concretando un proyecto para la organización de una biblioteca que sirva de apoyo a sus inquietudes intelectualers.
Previa solicitud formulada a personas e instituciones, se ha obtenido respuesta muy favorable. Por ejemplo, La Fundación Francisco Herrera Luque donó cinco estantes de madera y está enviando regularmente algunos libros.
En la mansión Existía desde años atrás un fondo bibliografico y a éste se han incorporado donaciones hechas por las residenters.
Ahora tenemos un salón agradable, con mesas y sillas cómodas, para la lectura y la reflexión. Aspiramos que la colección se enriquezca con obras actuales y acordes con los intereses de los usuarios.
Fracisco Herrera Luque (1927-1991), fue un médico que “supo combinar muy bien su faceta científica (psiquiatría) con su faceta literaria, dejando libros que abordan el estudio e interpretación de los orígenes de lo venezolano y las personalidades de los primeros habitantes de la colonia .

Escrito por Orfila Márquez

miércoles, 15 de junio de 2011

Lista de mercado


Cuando entré al supermercado cargaba un bagaje de problemas por equipaje, tanto que pensé: ¿para quién, para qué compro?
Comienzo por aseo personal y belleza, busco algo que me haga lucir y sentir mejor. Sigo por vegetales y frutas, una ayuda para comer sano, digo yo. Pasteles…Miro a otro lado y regreso a mis pensamientos tristes… Voluntad, y poco dinero. Oigo una voz que grita mi nombre tan alto y tan alegre, veo a un amigo y compañero de trabajo de hace veinte años por lo menos, el cual le dice a sus hijas y su esposa: “esta es y ha sido la mejor compañera de trabajo que he tenido en mi vida”, y luego hablamos un rato más y nos despedimos. Tiene una bella familia y yo me sentí feliz por un rato, sin problemas, sin gastar dinero en tonterías y libre de equipaje de penas no compartidas. Me vino a la memoria la poesía de Andrés Eloy Blanco: “la higuera”, cuando dice: “Hoy a mí me dijeron hermosa”.

¡Un viejo más!


Yo tendría 7 años cuando mi mamá me llevó al club. No me acuerdo de su nombre, sé que estaba donde es ahora la urbanización Los Palos Grandes.
Era muy bonito y como yo sabía nadar, mi mamá me permitió nadar en la piscina. Serían como las 5 pm. cuando ya nos íbamos a regresar a nuestra casa, sentimos un escándalo y los pasos agitados de la gente. Mi mamá preguntó qué pasaba y le contestaron, ¡Está llegando el Gral. Gómez!
Nos quedamos donde estábamos porque mi mamá nos dijo: ¡Nos quedamos aquí! No tengo interés en que lo veamos.
Pero donde estábamos, pasó el Gral. Gómez en un carro decapotable, saludando a todos a su paso. ¿Por qué tanto alboroto?, pensé. ¡Si era un viejo más!

María Cristina

Abilio, el pastor de nubes


Amanece. Las campanas rompen el alba. La mañana está fría, un manto de nubes cubre los cerros. En lontananza se escucha el mugir de las vacas y el canto de los gallos.
Abilio está allí en su camastro, ha despertado desde hace un rato. Está cansado. Su sueño fue intranquilo y fugaz. Se arrebuja en su lecho por unos instantes, sabe que esto no puede durar. Se levanta de la cama, cumple hábitos de aseo, toma un sorbo de agua y espera por el café que se está colando.
Prepara sus aperos y sale a encontrarse con sus quehaceres. Debe ir temprano al potrero a reunir el ganado que Doña Eligia le ha confiado. Después vendrá el ordeño y todo lo que esto implica.
El rebaño lo forman tres vacas blancas de buena raza, bien cuidadas, con ubres rebosantes de leche, y sus terneros.
Abilio camina por un sendero angosto y agreste que él conoce bien. Llega al potrero, reúne la manada y luego empieza a subir una cuesta prolongada que lo conducirá a la casa de ordeño.
Una vez allí acondiciona el lugar, prepara la faena y lava con esmero las ubres generosas.
Todo está listo ahora para iniciar el rito de exprimir con sabiduría cada uno de los pezones. Él sabe que del contacto de sus dedos depende en parte el prodigioso fluir de la leche tibia. Saltan chorros de espuma que invitan a saborear el alimento. Abilio no puede hacerlo ahora, será después o quizás nunca.
El acto mágico que realiza lo concentra pero al mismo tiempo lo invita a dialogar consigo mismo y con el animal. De repente cambia el diálogo y entona una tonada; la deja para entrar en un murmullo inquietante. ¿Qué dirá Abilio? ¿Qué melancolía lo atormenta? ¿Con qué sueña?
Concluido el ordeño entrega la leche a su patrona y ordena la casa. Luego empieza a desandar el camino, lleva el ganado al potrero y vuelve a casa.
Abilio va cabizbajo, parece angustiado y sigue con ese murmurar constante que lo atormenta. ¿Qué penas angustian a este pastor de nubes? ¿Qué lo hace cavilar?
Un día Abilio decidió desprenderse de sus querencias en el pueblo. No amaneció en su casa, no buscó el ganado. Su familia, Doña Eligia y los pobladores no lo vieron ese día y los siguientes.
Transcurrieron varios años, nunca se supo de él, pero un día apareció en el pueblo un hombre enteco, con faz endurecida y arrugada, pelo cano y un poco largo, a diferencia de la usanza de la época. Su mirada era incierta y el caminar vacilante. Se negó a hablar con los parroquianos y a responder a las preguntas que se le hacían; permanecía siempre sentado en un banco de la plaza.
A ciertas personas que se le acercaron les dijo que vivió en la ciudad en donde conoció la vida y el amor.
Decidió regresar porque sentía nostalgia de su familia y de los parajes que colmaron su infancia y adolescencia. Dijo también estar cansado y que anhelaba un sueño más allá. Yo lo divisé desde lejos, a su lado tenía una botella de ron.

Autora: Orfila Márquez

jueves, 9 de junio de 2011

Las horas que se van


El reloj marca las horas y en cada una de ellas que pasa, se va una parte de nuestra vida. Horas bellas que marcan la juventud, el amor, la familia, los proyectos que se aglutinan para presentarnos un futuro de horas felices, o por el contrario, horas de espera, de desencantos, frustraciones, reminiscencias. ¿Qué sé yo?
Las horas felices pasan rápido como las estampas de una película, se convierten en minutos o segundos, que en vano quisiéramos aprisionar, huyen. Mientras las tristes se eternizan y marcan nuestra vida. Alguien dijo que el año tiene 365 angustias, el día 24 desencantos y la hora 60 inquietudes.

Josefina Guevara

jueves, 2 de junio de 2011

Presentación de las escritoras.


La palabra tiene un doble poder: el poder que nos permite conocernos mejor a nosotros mismos y el poder que nos permite compartir ese hallazgo con los otros. Un gran poeta romántico alemán, Holderlin, escribió una vez: “Poéticamente habita el hombre el mundo…”, y con eso quería decir que el verbo es nuestro verdadero elemento, que es a través del lenguaje como realmente podemos sentir la calidez y la fraternidad de un hogar: en nuestro taller, todos los viernes, a la misma hora, nos hemos reunido fielmente para celebrar y ejercer ese doble poder de la palabra y por eso hemos sentido el calor indeleble de un hogar.
Los textos publicados en este blog son honestos, certeros, precisos, tres cualidades que, como aprendimos en nuestras sesiones, son fundamentales en toda gran literatura.
Cada una de las talleristas ha encontrado su propia voz y ahora sólo debe pulirla: la reflexión prolija, aguda y sensible de Josefina, la reflexión franca y mordaz, siempre conmovedora , de Mónica, la honda y evocadora indagación en la memoria de María Cristina, el maravilloso relato breve de Orfila, la aproximación a la crónica de Trina. Las participantes que no han escrito, merecen también un reconocimiento por sus comentarios, su atención y su alegría en las sesiones.
Aunque, por lo general, las participantes se han mantenido dentro de los límites de lo autobiográfico (que es, en definitiva, el origen, el germen, de toda literatura), todas han manifestado desde el principio una clara voluntad de estilo que va más allá de lo meramente personal, y han logrado, por medio del oficio con la palabra, expresar con eficacia sus hallazgos y epifanías a través de sus textos.
Para mí como moderador este taller ha sido una experiencia que va más allá de lo literario y profesional, y se ha convertido en un solaz y un orgullo.
Esperamos que los lectores disfruten y que sientan, así como nosotros todos los viernes a las diez de la mañana, la llama viva del amor y el respeto hacia la palabra, la fraternidad en el lenguaje.