jueves, 30 de junio de 2011

La ciudad de hoy

Ciudad: palabra compleja y múltiple. La ciudad de hoy no es el pueblo grande donde generalmente las familias se conocían, se visitaban y compartían tanto las celebraciones familiares, como las angustias y los duelos. Constituían una clase social donde las normas se respetaban; vivían en casas de patios soleados, jardines y huertos; amplias habitaciones y grandes ventanales; reinaba la cordialidad y el compañerismo.
El progreso y la modernidad acabaron con las casas geométricamente alineadas y produjeron un cambio arquitectónico y costumbrista.
Junto al pequeño comercio o a la casa familiar, surgieron las grandes edificaciones de los llamados edificios de apartamentos que aglutinaron a distintas familias que deben convivir a pesar de sus diferentes costumbres, educación o posibilidades económicas, y compartir las áreas comunes, los pasillos, el ascensor, el salón de fiestas o el estacionamiento.
Nuestras calles no nos ofrecen ninguna seguridad, deslizándose por ellas marcha un hormiguero humano agitado por la prisa de llegar a su destino. El trabajo, el comercio, el colegio o el servicio médico; sin que podamos requerir ni siquiera a la orientación para una dirección.
Una cadena de automóviles nos impide cruzar la calle serenamente, debemos esperar a que un buen ciudadano nos permita hacerlo.
Las plazas o parques que antes eran sitios de recreación para niños, o de reunión para reminiscencias de adultos mayores, están ocupadas por personas peligrosas.
Pero también tenemos el lado positivo: disfrutamos de las bibliotecas, restaurantes, salas de cine, de teatro, conferencistas, clínicas, universidades, actos culturales que satisfacen nuestros anhelos del espíritu, nuestros ojos pueden recrearse en los centros comerciales que ofrecen múltiples opciones, tanto para jóvenes, niños o ancianos. Sus exhibiciones son tentadoras, nos invitan a detenernos.
No entran aquí las urbanizaciones que son pequeños predios donde la gente disfruta de club de recreación, piscinas, etc. En un medio apacible y retirado del gran bullicio.
Aún quedan los barrios y el cinturón de miseria que se instala en los cerros, donde se carece de servicios: agua, luz, caminerías por donde pueda accederse a las precarias viviendas.
Hasta aquí para no hacerme fastidiosa.

Escrito por Josefina Guevara

Caracas, 21/4/2011

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